Manifiesto en defensa del olivar tradicional y del aceite de oliva

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Buenos días.

 

En primer lugar, y en nombre de Asaja, COAG, UPA, Cooperativas Agro-alimentarias e Infaoliva, las organizaciones convocantes de estas concentraciones que se están desarrollando simultáneamente en los 97 municipios de la provincia de Jaén, quiero daros las gracias por estar aquí.

 

Habéis dejado por unas horas vuestra labor en el campo, vuestro trabajo en empresas, instituciones y en los comercios, vuestros estudios en la Universidad y en los centros educativos, para demostrar que los problemas del campo son los problemas de nuestra provincia, que si el olivar tradicional se muere, Jaén desaparece. A nadie le gusta manifestarse, molestar a ciudadanos que no tienen la culpa de sus problemas. Pero cuando se sufre, desde hace dos años, una situación tan crítica como la que viven los agricultores no queda otro remedio que mostrar el descontento.

 

Los olivareros de nuestra tierra llevan muchos años demostrando que saben hacer las cosas muy bien, que saben producir un aceite de oliva virgen extra de la máxima calidad y muy apreciado por consumidores de todo el planeta. Son la base de un sector, el agrícola, que define como ninguno la esencia de Jaén y son la base fundamental de nuestra economía. Pero esa base se está desmoronando sin que nadie haga nada por evitarlo. Los olivareros de Jaén, no solo elaboran el oro líquido de nuestra provincia, sino que gestionáis 66 millones de olivos, miles y miles de hectáreas que son el mayor bosque humanizado en el Mediterráneo; suponen el freno natural a la desertificación; protegen el medio ambiente y dan vida y riqueza a nuestros pueblos, evitando así su despoblamiento y abandono.

 

El denominado “Espíritu de Las Batallas” arrancó en mayo del año pasado un movimiento heredado del clamor olivarero de 1998. El campo ha recuperado la fuerza de un sector olivarero que clama por su dignificación y por la supervivencia de un paisaje que es patrimonio de todos nosotros y vosotros y que, sin lugar a dudas, define nuestro ser como provincia. Durante muchos siglos, cientos de familias han conseguido conformar un sector que es la envidia de muchos países. Y ahora, ese modelo de olivar tradicional, el mayoritario en nuestra provincia, está en peligro de extinción. Y no podemos dejarlo caer, porque entonces Jaén desaparecería. Desaparecerían sus bosques, sus industrias, sus comercios, sus servicios y, lo más importante, sus habitantes.

 

Estamos, por lo tanto, en un momento muy delicado. Dos años de bajos precios, de falta de voluntad política por el campo, de abusos y barreras comerciales, de banalización de nuestro aceite de oliva; en definitiva, de engaños, está pasando una factura cada vez más difícil de asumir. Nuestro aceite de oliva no es excedentario. Todo lo que se produce se consume. Pero nuestros olivareros no reciben un precio digno por su trabajo. Los costes aumentan cada vez más, pero los ingresos son menores. Y eso hace que el olivar tradicional no aguante más. Estamos en un momento en el que las políticas liberalizadoras que se están poniendo en práctica pretenden que sea el mercado el que regule toda actividad económica. Pero con las cosas de comer no se juega, porque sin vosotros, agricultores, no hay alimentos. ¡¡No habrá aceite de oliva!!

 

Todas las administraciones implicadas, desde Bruselas hasta Sevilla pasando por Madrid, cada una dentro de su marco competencial, están obligadas a buscar soluciones que permitan recuperar unos precios dignos para nuestros olivareros. Todas están obligadas a garantizar el equilibrio en la cadena de valor y permitir que los agricultores no pierdan dinero por su trabajo. Todas están obligadas a poner en marcha medidas de apoyo para el olivar con mayores dificultades, que apuesten por el relevo generacional, que persigan el uso del aceite de oliva como producto reclamo, que garanticen su pureza, calidad y trazabilidad, que apuesten por la comercialización, por la promoción del consumo, la concentración de la oferta, la diferenciación y el asociacionismo. En definitiva, que apuesten por un olivar rentable, que fija la población al territorio, que lucha contra el despoblamiento del medio rural y que protege el medio ambiente.

 

Las soluciones no serán rápidas, pero llegarán. Y, mientras tanto, es necesario que sigamos lanzando mensajes de fortaleza. Con el apoyo de toda la sociedad, el sector agrario no se rendirá. Estamos convencidos de que, entre todos, lograremos que se nos escuche, conseguiremos cambiar la situación y alcanzar un equilibrio en los precios tan necesario para los productores como para los consumidores. No podemos permitir que ningún olivarero se quede atrás. Y con esa convicción seguiremos adelante.

 

Muchas gracias por vuestro apoyo y por estar aquí hoy y siempre. Muchas gracias a todos vosotros, que vivís y queréis seguir viviendo en esta provincia. Porque ¡¡Jaén también existe!!

 

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